lunes, 30 de octubre de 2006

Yo no me lo tomo a broma

"Yo disolvería las pandillas masculinas; que esos varoncitos pequeños no se relacionaran entre sí, con esos rituales del que mea más lejos".

Celia Amorós, último Premio Nacional de Ensayo
en "El País" del domingo.



No tengo ganas de comentar nada. ¡Viva Valerie Solanas!

domingo, 29 de octubre de 2006

El individualismo propietario

Los seres humanos estamos hechos de tal manera que hemos necesitado siempre apropiarnos de algo para sentirnos alguien. A lo largo de la historia hemos visto sucederse multitud de formas de reforzamiento del valor del yo: la excelencia en la virtud; la fe en Dios o en la Historia o en la Patria; la nobleza de sangre o de clase... hasta llegar a la época moderna en la que todo, aparentemente, parece más sencillo: para sentirnos alguien nos basta con sabernos propietarios. Pero propietarios no de valores o de principios o de patrimonios éticos, sino de propiedades cuantificables económicamente. Antonio Machado, que lo vio venir, nos advirtió de que “sólo un necio confunde valor y precio”. Pero no parece que le hayamos hecho mucho caso, porque el sueño de emancipación que anunciaban las promesas de autonomía de los ilustrados del XVIII se ha encarnado en un título de propiedad.

Uno de los primeros pensadores políticos en percatarse de la importancia de esta deriva de la autonomía hacia el individualismo fue Tocqueville, que en De la democracia en América, de 1840, supo ver la admiración que siente el individuo moderno hacia todo tipo de revuelta contra la jerarquía en nombre de la igualdad. El nuevo ciudadano emergente se sentía espontáneamente partidario de la igualdad contra la jerarquía y de la libertad contra la tradición. Pero, yendo un poco más allá, Tocqueville creyó descubrir un peligro latente en la modernidad democrática. El triunfo del nuevo individualismo acarrearía la pérdida del sentido cívico si el ciudadano perdiera el sentido del deber republicano y acabase creyendo que no le debe nada a nadie y que, por lo tanto, su destino es algo que sólo le compete a él planificar.

Un poco alarmado, anunció que si el individuo se aísla de todos los demás, corre el riesgo de ir retirándose sin cesar hacia sí mismo para acabar cayendo en los brazos de un Estado tutelar al cual ya no cabría oponer ninguna resistencia.

sábado, 28 de octubre de 2006

A escondidas de Bacallà Salat

Imaginemos que, efectivamente, los animales tienen derechos. Los que sean, no entremos a especificar. Imaginemos también que hemos aprobado una declaración universal de derechos del animal y que en España se incorpora a la constitución aprovechando algún remiendo urgente que parece que hay que hacerle. A partir de ese momento tendríamos un nuevo sujeto de derechos. Todos felices (quizás hasta los animales). O casi todos, yo me reservo el derecho a discrepar. ¡Seré bestia!

Y es que estoy lleno de dudas, demasiado perplejo como para asentir alegremente a esta ampliación de derechos. ¿Esos nuevos sujetos de derechos serían también sujetos de deberes? Hay dos alternativas fáciles de adivinar: que sí y que no. Si es que sí, entonces estarán sometidos también a las sanciones correspondientes en caso de saltarse sus deberes a la torera (no sé si esta expresión es animalmente correcta); si es que no, entonces habremos creado, de facto, un nuevo sujeto político, que disfruta de derechos sin la contrapartida de los deberes. Y aquí, amigos, se me vuelven a disparar las preguntas: ¿Son los defensores de los derechos de los animales la avanzadilla de una sociedad humana perfecta en la que los deberes habrán caducado? ¿Es el perro el último hombre nietzscheano? ¿Estamos tratando a los animales como a ciertos países del tercer mundo? ¿Qué otros remordimientos vendrán a invadir nuestra conciencia culpable cuando hayamos redimido a los animales? En todo caso lo que sí parece indudable es que el estatus de este nuevo sujeto jurídico, con derechos pero sin deberes, sería muy semejante al de nuestros estudiantes de ESO. Y esto sí que me preocupa, porque, entonces, ¿qué argumentos vamos esgrimir para convencerlos de que dejen de hacer el animal?

Este mundo se me está volviendo demasiado complicado.

Ah, y por supuesto, que este post lo he escrito a escondidas de mi gata, Bacallà Salat.

viernes, 27 de octubre de 2006

Un amor chiripitifláutico.

Hace unos días Quiñonero anunciaba la publicación de la “Lettre à D., Historire d’un amour”, carta de André Gorz a su mujer, Dorine. Hoy Le Monde des Livres le dedica la última página, al completo.

André Gorz descubrió un día que a pesar de las miles de páginas eruditas que había publicado a lo largo de su vida, se había dejado en el tintero lo más importante: una declaración de amor a su mujer.

Vas a cumplir ochenta y dos años. Te has encogido seis centímetros, no pesas más que cuarenta y cinco quilos y aún continúas hermosa, grácil y apetecible. Ya hace cincuenta años que vivimos juntos y te amo más que nunca. Llevo de nuevo en el pecho un vacío devorador que sólo calma el calor de tu cuerpo contra el mío.”

Este es un amor de cuento de hadas, para toda la vida, y para mil vidas si se pudiera. “Ambos quisiéramos –le confiesa Groz al periodista- no sobrevivir a la muerte del otro. Nos hemos dicho con frecuencia que si tuviéramos una segunda vida, quisiéramos vivirla juntos”. Es un amor redondo, tan redondo que acompleja un poco. ¿Cómo estar a su altura? Porque aquí el amor se muestra diáfano, transparente, sin mácula. Aquí se ama sin ninguna duda, en exclusiva. Ante un amor así uno se siente un poco culpable. Nada que ver con los pendoneos del Sartre y la Beauvoir, por ejemplo. ¿Ninguna mirada furtiva a la belleza transeúnte?

El periodista, poniendo a prueba el temple de este acero amoroso, se atreve a preguntarle a Gorz si él y su mujer han pensado en realizar un mutis común, “como el de Arthur Koestler y su mujer Cynthia”. “Estuvimos hablando sobre ese suicidio –contesta Gorz- cuando nos enteramos. Pero esa era su historia, casi su causa. Yo no pienso en eso, y ella tampoco. Dorine y yo vivimos en el infinito del instante sabiendo que es finito y está bien así. Para nosotros, con el presente hay bastante.” O sea, el ideal anglo-zen del amor.

Para que todo quede perfectamente edulcorado, Gorz no se olvida de nombrar al paradigma occidental de la muerte digna, a Sócrates: “Hay que aceptar que somos finitos, que somos de aquí y de ninguna otra parte; que hacemos esto y no otra cosa; que tenemos esta vida solamente. El Sócrates de Valéry lo decía con precisión: “He nacido varios y muero uno. El niño que llega es una muchedumbre innombrable, que la vida reduce bastante pronto a un solo individuo, el que se manifiesta y muere”.

¿Sabéis qué? ¡Pues que no me lo creo! Es una historia tan hermosa que tras leerla uno tiene que ponerse con urgencia una inyección de insulina, para prevenir los excesos de azúcar en el corazón. ¿Qué haría si yo fuese capaz de escribir una carta así? Me parece evidente que se la entregaría a mi mujer y, a partir de ese momento, sería un objeto de su propiedad. Lo que no haría es correr a enseñársela a mi editor. Es precisamente esta publicidad del gesto lo que me lo hace (y ya sé que no tengo motivos y que toda mi reacción es prejuiciosa) un poco hipócrita (en el sentido más etimológico del término), como esas declaraciones de amor infinitas que se realizan ante las cámaras de la televisión. ¿Cuando se exagera hiperbólicamente el protagonismo del amante, no se está ninguneando el del amado? ¿O es que soy un cinico, Quiñonero?

Añado, como insulina, un vídeo que me ha enviado esta tarde Pedro Azara. ¡Gracias, Pedro! Hay causas a las que nos mantendremos fieles de por vida.



Añadido casi un año más tarde:

Hoy, 24 de septiembre de 2007, se ha suicidado Gorz, llevándose con él a su mujer. El texto anterior me convierte en idiota. Lo conservo tal cual está, como prueba de mi acusación.

jueves, 26 de octubre de 2006

Marción de Sínope

Entre los discípulos de Pablo, el más paulista fue Marción de Sínope, un intérprete tan original de su doctrina que acabó excomulgado, pasando a formar parte de la larga lista de herejes cristianos. Pero sea o no verdadera, su doctrina no carece de interés. Basándose en la llamada radical al amor de Pablo, Marción se pregunta cómo el Dios creador puede habernos alejado de sí. ¿Cómo nos ha creado tan necesitados de amor y tan desamparados? ¿Qué clase de Dios es el que crea un hombre tan desvalido? Concluirá que el Dios creador del Antiguo Testamento no puede ser el mismo que el Padre de Jesucristo.

Al Dios Creador no le salieron bien las cosas. Basta contemplar su obra para descubrir sus defectos. Era bastante chapucero. El mundo está lleno de males y, además “¡Qué cantidad de mosquitos!”. Es un Dios al que se le tiene miedo, y con razón, porque, como muestra el Antiguo Testamento, es vengativo, celoso, furioso y cruel.

El Dios Padre de Jesucristo es otro. ¿Pero quién? No lo sabemos, porque se esconde. Es, por su propia condición, ajeno a este mundo creado. No se ha contaminado por los defectos de la creación. A este Dios se lo ama, porque, como muestra el Nuevo Testamento, se ha apiadado de nosotros y nos ha enviado a su hijo para mostrarnos el camino de la redención. Con razón, entonces, la creación no juega ningún papel en el Nuevo Testamento.

Como el Dios Creador es también el del mandato “Creced y multiplicaros”, Marción impuso la castidad a sus seguidores. Creía seguir con fidelidad al Pablo que en la Epístola a los Corintios había escrito: “¡Queda poco tiempo! Por tanto, los que tienen mujer, vivan como si no la tuviesen. Los que lloran, como si no llorasen. Los que están alegres, como si no lo estuviesen. Los que compran, como si no poseyesen. Los que disfrutan del mundo, como si no disfrutasen. Porque las cosas de este mundo caducan. Yo os quisiera libres de preocupaciones".

Algunas de las ideas de Marción reaparecerán con el maniqueísmo y bogomilismo búlgaro del siglo X, que está en el origen de los cátaros.

miércoles, 25 de octubre de 2006

Al prójimo como a ti mismo

Le comentaba el otro día a Antonio Lastra el desprecio con que Leo Strauss y Gershom Scholem tratan en su correspondencia a Jacob Taubes, del que dicen lindezas de este tipo:

1. Carta de Scholem A Strauss, 2 de junio de 1952: “Estoy muy decepcionado con Taubes. Utiliza sus indudables talentos para pasatiempos filosóficos que no puedo tomar en serio (…) (carece) de coherencia interior »

2. Respuesta de Strauss. Chicago, 22 de junio de 1952: “En lo que concierne a Taubes, se han confirmado mis peores temores. No he visto nunca una ambición tan descarada. ¿Podrá corregirse alguna vez? »

3. Strauss a Scholem. Chicago, 27 de octubre de 1955: "Taubes está empeñado en un trabajo de antisemitismo filosófico (…). Intentará venir a Chicago, pero no quiero verlo".

¿Por qué este desprecio? Creo que Strauss está convencido de que Taubes se ha puesto a favor de Pablo y en contra del pueblo judío, lo que significa dicho de otra manera, que ha caído en la trampa del amor paulino, que es radicalmente contrario a la ley hebraica. La cuestión es enormemente complicada y es imposible desplegarla aquí ni tan siquiera en sus grandes líneas, pero, efectivamente, Taubes ha visto la radicalidad de Pablo y, además, ha notado que esta radicalidad corrige incluso al Jesús de los Evangelios.

Cuando a Jesús le preguntan qué mandamiento es el más importante, responde: “Estimarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda el alma con todo el pensamiento.” Y añade a continuación: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo

Sin embargo Pablo va más allá: “No tengáis deudas con nadie –les escribe a los romanos-, más que la deuda de amaros los unos a los otros; porque el que ama a su prójimo ha cumplido plenamente la ley. En efecto, los mandamientos ‘No cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás’, así como todos los otros, se resumen en esta frase: ‘Amarás al prójimo como a ti mismo’

¿Y el prioritario amor a Dios? ¡Ha desaparecido! En esta corrección ve Strauss, a mi parecer, una semilla radicalmente antipolítica que siempre está germinando en el alma de los cristianos y que acabará generando el discurso sobre los derechos humanos.

Por cierto que en el libro de Taubes, recientemente editado por Barcelonesa d’Edicions, “Teologia política de Pau”, se encuentra la siguiente anécdota: “Con ocasión de una visita de Breznev a Alemania (entiendo que a la antigua RDA), hará unos cuantos años, la visita va tener lugar el día de la Ascensión, es decir, un día que era fiesta en Alemania. Breznev preguntó: “¿Qué se celebra hoy?” ¿Pero cómo se le podía explicar a Breznev que se trataba de la Ascensión de Jesucristo? Le contestaron, entonces, que se trataba del “Día del ejército del aire alemán”, ya que ambos tenían en común la dirección hacia arriba.”

martes, 24 de octubre de 2006

Poetas, lógicos, políticos y señoritas con orejas impregnadas de pinaza.

Zenón de Elea

El vino de las viñas que dan al mar es bueno y tiene un sabor áspero que resiste y os muerde la lengua. Y, a veces, para empezar, coméis una seta o un níscalo a la brasa y es como si os comieseis una oreja de señorita impregnada de pinaza.” Este texto de “El cuaderno gris” de Josep Pla, una licencia poética, sin duda, me viene de perillas para hablar de Zenón de Elea. Seguro que todos recordáis su famosa aporía de Aquiles y la tortuga, donde puso de manifiesto lo difícil que es medir lo infinito con conceptos finitos. Aplicando sus argumentos, Zenón le hubiera dicho a Pla que no tenía ninguna posibilidad lógica de comerse una oreja de señorita impregnada en pinaza.

Aquiles, intentando inútilmente dar alcance a la tortuga lógica.

La señorita propietaria de la oreja, sin embargo, quizás tuviera más fe en el código penal que en la lógica. Y aquí quizás estuviera de acuerdo con ella el político llamado Zenón de Elea.

Vamos paso a paso.

Las diferentes fuentes que nos hablan de Zenón lo presentan como hijo natural de un tal Teleutágoras e hijo adoptivo de Parménides. Coinciden en resaltar su dominio de la dialéctica, de ahí que algunas se refieran a él como “el invencible Zenón, el de la lengua afilada, que no deja títere con cabeza”. Lo describen como un hombre fuerte, hermoso y de gran inteligencia y además de transmitirnos sus argumentos filosóficos, nos cuentan que fue el protagonista de una conjura contra Nearco, el tirano de Elea, al que, como veremos, acabó mordiéndole la oreja.

Al descubrir la conjura, el tirano sometió a Zenón a todo tipo de suplicios para que revelase los nombres de sus cómplices, pero éste se limitó a recitar los de los amigos del tirano, pretendiendo sembrar la cizaña entre ellos. Nearco le aplicó entonces el potro. Cuando la cuerda llegó al punto de máxima tensión, Zenón fingió que ya no podía aguantar más y gritó: “¡Basta! Diré toda la verdad”. Cuando aflojaron la máquina, pidió al tirano que se acercara, porque quería decirle algo al oído, sin que se enterara nadie más. Y en cuanto lo tuvo a su alcance, le hincó los dientes en la oreja. No la soltó hasta que no fue atravesado por la espada de uno de sus torturadores. Otros dicen que fue la nariz lo que le arrancó de un mordisco y una tercera versión sostiene que dirigiéndose a los que lo torturaban les dijo: “Me maravilla vuestra cobardía, pues soportáis la tiranía por miedo a lo que yo estoy padeciendo. ¡Si pudierais mandar en mi cuerpo como yo mando en mi lengua!”. Y a continuación se serró la lengua con los dientes y se la escupió a la cara al tirano. Fue tan grande el despecho de éste que mandó que arrojaran su cuerpo a un mortero y lo majaran bien majado. Plutarco al relatar estos hechos añade que “demostró con su conducta que el gran hombre sólo teme lo que es vergonzoso.”

Moraleja: Los políticos, los lógicos, los poetas y las señoritas con orejas impregnadas en pinaza ven el mundo de una manera completamente diferente.

lunes, 23 de octubre de 2006

Platón no se acaba nunca

Platón no se acaba nunca. Para mí es más que un filósofo, es la filosofía. A ningún otro filósofo releo con más interés, porque sé que cada nueva lectura de cada diálogo me ofrece una nueva perspectiva para volver a comenzar. Y nunca me defrauda. En estos momentos mi imagen de Platón no tiene nada que ver con la que tenía hace diez años. Y espero que dentro de otros diez vuelva a decir lo mismo. Os pondré un ejemplo. Me he leído varias veces La República, pero esta mañana me he topado con las aristas de este texto (556 c-e), que me han llamado la atención poderosamente. Hasta ahora me había pasado desapercibido. Os lo transcribo con una traducción un poco libre.

Cuando los ciudadanos de una comunidad se encuentran juntos en una ocasión de peligro, no son precisamente los pobres los menospreciados por los ricos; al contrario, con frecuencia un pobre enjuto y quemado por el sol, al estar apostado en la batalla junto a un rico cebado a la sombra (la palabra que utiliza Platón, “skia-trophekóti, sugiere también el crecimiento de una planta en un invernadero) y sobrado de carnes, y lo ve sin resuello (“ásthmatos”) y perdido (“en aporía”), ¿no crees que se dirá a sí mismo que estas gentes no deben sus riquezas más que al consentimiento de los pobres? ¿Y cuando se encuentran los pobres entre ellos, no se dirán que pueden hacer lo que les plazca con tales hombres, puesto que no valen para nada?

domingo, 22 de octubre de 2006

Icaromenipo

Acabo de llegar a casa. Se supone que he visto una película titulada “La Dalia negra”. Pero no sé muy bien qué he visto, y ando desenredando la madeja para ver quién ha sido quién. Por los cohetes que oigo, muy pocos, ha debido de ganar el Madrid. Miro a la pantalla del ordenador durante un rato. Después me levanto y le pido ayuda a Luciano de Samosata, que solícito, como siempre, me invita a que os resuma un pasaje que trata sobre los de mi oficio.

Al examinar la vida no tardé en descubrir lo mezquinas y caducas que son las cosas humanas, así que abandoné todo lo superfluo y me dirigí a la búsqueda de lo verdaderamente importante. Para orientar mi vida correctamente decidí acudir a los filósofos. Elegí los que me parecieron los mejores, dejándome guiar por su aspecto demacrado, su palidez y sus espesas barbas. Me puse en sus manos tras acordar los honorarios y hacer el primer pago, que era considerable. El resto lo pospusimos para cuando alcanzase la cumbre de la sabiduría. Pero estuvieron muy lejos de arrancarme de mi ignorancia. Lo que hicieron fue inundarme de nuevas perplejidades, vertiendo diariamente sobre mí una borrasca de no sé qué principios y fines, átomos, vacíos, materias, ideas y cosas de este tipo. Y lo peor era que no había dos filósofos que coincidieran entre sí. ¡Qué soberbia y charlatanería! Confundido ante este panorama, perdí toda esperanza de hallar en la tierra respuestas cabales a mis problemas y comprendí que sólo me cabía una solución: conseguir unas alas y subir hasta el cielo. Para que no me ocurriera lo que a Ícaro, atrapé un buitre y un águila, le corté al águila el ala derecha y al buitre la izquierda, y me las ajusté a los hombros. Tras varios intentos, conseguí finalmente alzar el vuelo y alcanzar primero la Luna y después la sede celeste de los dioses. Allí descubrí lo harto que está también Zeus de los filósofos. “Es un linaje –dijo- que no hace mucho que ha aparecido en la tierra, perezoso, pendenciero, altivo, irascible, glotón, fatuo, lleno de humo y de soberbia, un inútil peso en la tierra. Divididos en escuelas maquinan todo tipo de laberintos verbales y se hacen llamar “estoicos”, “académicos”, “epicúreos”, “peripatéticos” y cosas aún más raras. Se endosan el venerable nombre de la virtud, alzan las cejas, arrugan las frentes, se dejan crecer las barbas y dan vueltas ocultando con sus falsos disfraces sus verdaderas costumbres. Se parecen a los actores de tragedia: si se les quita la máscara y la túnica bordada en oro, lo que aparece es un hombrecillo ridículo que cobra la función a siete dracmas.”

sábado, 21 de octubre de 2006

Per una Conselleria de Benestar Moral!

Soy de los que se miran los programas electorales de los partidos políticos. No es una actividad que recomiende especialmente, pero tiene su qué descubrir la manera como los partidos se comprenden a sí mismos cuando quieren ser explícita y subrayadamente buenos. Y por eso están llenos de buenas intenciones, cosa meritoria. Si se hace el esfuerzo de recoger la espuma de bondad que flota sobre el caldo programático, se tiene la impresión de que todos los partidos tienen cada vez más interés por acompañar sus proyectos de un aire de regeneración moral (para entendernos: de eso que se ha dado en llamar “valores”). Ahora bien, si tanto les interesa la moralidad, creo que se les puede exigir un poco de coherencia. No pueden limitarse a hacer brindis al sol (que como sabía Platón, es la imagen del Bien) ni a proponer medidas aisladas. Para hacer creíbles sus intenciones deberían acompañarlas –es lo menos que se puede exigir- de los correspondientes compromisos presupuestarios. Para animar a los partidos a dar el paso exigido por la coherencia, me animo, con toda humildad, pero con decisión, a proponer una idea valiente –aunque quizás aún un poco arriesgada- para la próxima coalición gobernante, sea la que se sea: La creación de la Consellería de Benestar Moral.

El capital moral de un país es, como todo el mundo sabe –cada vez con más añoranza, no siempre hipócrita- el índice más claro de su voluntad de supervivencia. Por ello esta Conselleria de Benestar Moral debería plantearse a medio plazo la elaboración de un libro blanco sobre la salud moral de los catalanes para orientar con criterio balmesiano las subsiguientes acciones de gobierno. Pero como la cuestión es urgente, no podemos esperar de brazos cruzados. La Consellería de Benestar Moral debería crearse ya, con el compromiso de ejecutar un programa de carácter urgente, para el cual sugiero el nombre de “Bon.Cat”. Su principal objetivo sería dar un primer impulso, de choque, a la moral cívica cotidiana con la intención de elevar de manera inmediata y de forma perceptible el índice de bondad colectiva de los catalanes. Este gran objetivo se desglosaría en el siguiente decálogo de medidas de gobierno:

  1. Garantizar que las relaciones humanas coticen siempre un punto por encima del Ibex 35.
  2. Prohibir en todo el territorio catalán las conductas deshumanizadoras. Se creará un carné cívico con puntos para penalizar a los ciudadanos huraños, poco solidarios y egoístas.
  3. Estudiar la declaración solemne de Cataluña como país des-deshumanizado.
  4. Subvencionar las campañas que pretendan dar a conocer los valores asociados al amor, la solidaridad, la ecología, la empatía, el buen rollo y el trato humano a animales y plantas.
  5. Fomentar la humanización de las personas deshumanizadas. La administración les subvencionará la adquisición de mascotas.
  6. Crear la imagen de marca “valor moral.cat” y fomentar su difusión masiva en todo tipo de soportes.
  7. Actuar decididamente en la inmersión moral en las aulas. Para ello será urgente la formación intensiva del profesorado, así como la creación de una nueva especialidad de Educación Moral en la carrera de magisterio.
  8. Fomentar los talleres de difusión moral ejemplar.
  9. Visita preceptiva a Montserrat para cualquier candidato a no importa qué puesto.
  10. Reparto masivo del “Zoo d’en Pitus” en ediciones de bolsillo.

Si se implantase este plan con la voluntad política exigida, bien podría esperarse que al mes de su puesta en marcha todos los ciudadanos de Cataluña nos saludáramos con una amplia sonrisa acompañada de un afable “buenos días” (o tardes, o noches, en función de la hora).

NOTA 1: Os presento este texto como un borrador que someto a vuestra consideración. Recogeré gustoso cuantas observaciones tengáis a bien realizar.

NOTA 2: He contraído una deuda con Mirando al infinito en la elaboración de este post. Gracias.

Más sobre el Purgatorio

G. Doré, El Purgatorio

Haciendo tiempo con mi mujer para ver “El perro mongol”, hemos entrado en La Central, donde he topado casualmente con la Carta XX de las “Cartas eruditas y curiosas" del gran Feijoo, titulada “Reflexiones críticas sobre las dos disertaciones, que en orden a apariciones de espíritus, y los llamados vampiros, dio a luz poco há el célebre benedictino, y famoso expositor de la Biblia D. Agustín Calmet.” Es de 1753.

Resulta que este tal Calmet era tan crédulo que no dudó en hacer pasar por auténtica una selección de las más truculentas historias de terror que circulaban por Europa sobre apariciones, resurrecciones, vampiros y fantasmas. Y claro, el bueno de Benito Jerónimo acudió puntualmente a deshacer el entuerto. ¡Ay, si hubiese habido nada más que media cuadrilla como él en nuestro siglo XVIII!. Con esta intención recoge una jugosa historia transmitida por el benedictino que quizás pueda aclarar las impresiones de las Biblias del Museo del Purgatorio, una de cuyas imágenes podéis ver más abajo.

La protagonista es "una mozuela" francesa apellidada Petit, "que servía a una señora principal” y que empezó a sentir un buen día, sin previo aviso de intenciones, una presencia que la inquietaba, puesto que la seguía a todas partes. No tardó en imaginarse que se trataba de un espíritu y, para salir de dudas, lo abordó directamente interesándose por sus intenciones.

Respondióle el espíritu, que no temiese”. Le explicó que Dios lo había mandado a hacer lo que hacía para poder cumplir una penitencia. Como no hay nada que el diálogo y la buena voluntad no solucionen, pronto comenzaron a intimar, contándose sus cosas y haciéndose compañía. Dos años estuvieron tuteándose. Un día la mozuela se atrevió a pedirle detalles sobre la condición de las ánimas en el Purgatorio. El espíritu, ni corto ni perezoso, se abrió el vestido y “le mostró el cuerpo todo rodeado de fuego, añadiendo, que le presentase un pañuelo para dejar en él un testimonio visible de la verdad que le decía. Presentando el pañuelo, le aplicó el espíritu la mano abrasada, de modo que quedó en él estampada una mano como de hierro encendido, con distinción de los dedos, palma, y carpo”. Feijoo añade que “la ama de la mozuela conservó el pañuelo hasta su muerte; y después, pasó a otras manos, y era visto por todos con admiración y horror.”

Por cierto que Feijoo también habla, de pasada, del prodigio de la niña de Arellano”. Espero que alguno de los clientes navarros del Café de Ocata se preste a informarme de este asunto.

jueves, 19 de octubre de 2006

Billie Holiday - Fine and Mellow (1957)

Llevamos varios días discutiendo en El Café de Ocata, de una manera o de otra, sobre la religión. Hoy pensaba cambiar radicalmente de tema, pero me he encontrado, en el imprescindible Periodistas 21 con una prueba de la existencia de Dios mucho más contundente que la de San Anselmo y las de Santo Tomás juntas. En realidad se trata de una confirmación experimental y absolutamente irrefutable del politeísmo. Así que, si no tenéis inconveniente os invito al Olimpo. Nos encontraremos con una de las magnas diosas, Billie Holiday, y un séquito de divinidades mayores, como Lester Yung, Coleman Hawkins y Ferry Mulligan. La introducción –es decir, el papel de Hermes Psicopompo- le corresponde a Robbert Herridge, productor del programa de la CBSThe Sound of Jazz”. Probablemente estamos ante una de las actuaciones más memorables de la historia del jazz.



Remito con urgencia a los amantes de Lady Day a Fum i Estalzí.

miércoles, 18 de octubre de 2006

Futesas post-prometeicas

Tras la tempestad prometeica, la calma. Que precisamente porque las águilas no cazan moscas, eso de hacer tanto día de águila estaba resultando agotador. Hoy me apetece cazar moscas.

I

Gong Duruo, un chino de 105 años de edad ha puesto anuncios en las secciones de “chico busca chica” de la prensa china por motivos evidentes. Interesadas, siempre que tengan menos de 50 años y acrediten sus conocimientos terapeúticos, pueden confirmar la noticia AQUÍ.

II

Karl May, primero, y Salgari, después. Leer a Karl May era vivir con la respiración entrecortada las aventuras del gran Old Shatterhand y de su amigo Winnetou. ¿Alguno de vosotros fue contaminado por esta fiebre feliz? ¿No hay nadie capaz de volver a emocionarse con las escenas de estas películas que nunca tendrán ni una nota a pie de página en las historias del cine?




III

Volviendo al presente, os invito a ver “The Tale of How”. Los autores son tres amigos de Suráfrica que forman The Blackheart Gang.

IV

Os presento algunos viejos conocidos, contemporáneos entre sí:

Edmund Burke 1729-1797


Jeremy Bentham 1748-1832

Goethe 1749-1832

Si hay alguien interesado en más máscaras de personajes notables, puede darse una vuela por Princeton.

V

¿A que no sabíais -bueno, Kasandra seguro que sí lo sabe- que existe el Museo de las almas del Purgatorio?

Se encuentra en la Chiesa del Sacro Cuore del Suffragio, en Roma y reune una colección de Biblias, libros de oración y otros objetos que conservan impresas huellas de las ánimas del Purgatorio.

martes, 17 de octubre de 2006

Unamuno y su buitre

Ya sé, ya sé que a don Miguel hay que tomárselo en serio. Don Miguel es el doliente de España, y eso son palabras mayores. Y también sé que es de muy poca educación faltarle el respeto a quien es mayor que tú en edad, dignidad y gobierno. Pero es que, no puedo evitarlo, el Prometeo de Unanumo me provoca pensamientos impuros. Si Unamuno y Prometeo, por separados, ya son hiperbólicos, juntos no pueden ser más que un exceso. El primer encuentro serio entre ambos –dejemos sin considerar algunas apariciones anecdóticas en versos y prosas, tiene lugar en un soneto titulado (y el que avisa no es traidor) A mi buitre:

Este buitre voraz de ceño torvo,
que me devora las entrañas fiero
y es mi único constante compañero,
labra mis penas con su pico corvo.

El día que le toque el postrer sorbo
apurar de mi negra sangre quiero
que me dejéis con él, solo y señero,
un momento, sin nadie como estorbo.

Pues quiero, triunfo haciendo mi agonía,
mientras él mi último despojo traga,
sorprender en sus ojos la sombría

mirada al ver la suerte que le amaga
sin esta presa que satisfacía
el hambre atroz que nunca se le apaga.

Prometeo, de Richard Cosway

No son palabras menores. Estamos ante una tragi-tragedia. Y, sin embargo, la cosa irá a más. Unamuno desarrollará las imágenes esbozadas en este soneto en un largo poema titulado El buitre de Prometeo. En una carta a Maragall del 15 de febrero de 1907 le confesó: "Estimo que es de los más míos". Jugando con la etimología del nombre “Prometeo” (el que piensa, el que prevé, el inteligente) Unamuno le da al buitre (porque aquí no puede ser águila) el nombre de Pensamiento. Claro está, sigue siendo "su" buitre. No hay, pues, duda: la escena del martirio es el alma del poeta. El buitre-pensamiento es a la vez lo más profundo de Unamuno, puesto que hunde su corvo pico en su vientre prometeico, hurgando en sus entrañas, y lo más elevado, puesto que alza el vuelo tras cada festín para ascender al cielo, de donde regresa puntual cada mañana, en cuanto abre sus ojos Prometeo a la luz del día. La vida es este revolotear fatal que es fatidicamente un escarbar. Vivir es encontrar en el fondo de uno mismo la huella de un ajeno y pensar es un ejercicio de canibalismo de ese extraño. Como no quiero provocaros un absceso de sublimidades, me limitaré a presenta algunos fragmentos del poema, sin más comentarios. Si teneís alguna duda, me la contáis e intentaré aclararla.

Prometeo, de Jordaens

A la roca del mundo Prometeo,
-que es de los hombres el mejor amigo-,
con divinas cadenas atado y preso,
se alimenta de penas,
y al buitre acariciando, -su castigo-,
al buitre 'Pensamiento', así le dice:
¿Qué me cuentas? ¿Qué viste allá en las nubes?
¿Tu cuello acariciando el vil Tirano
le temblaba la mano?;
¿era más suave y blanda que esta mía?...

(...)

¡No, no esos desgarrones:
come pausado, la cabeza hundida;
mira que esos tirones
me hacen desfallecer y... no te siento:
dame un lento dolor, sordo, apacible,
dame un dolor... de vida, 'Pensamiento'!

(...)

Prometeo, de Rubens

¡Dále, dále, mi buitre, sin cuidado!
¡No temas que me muera:
manjar tendrás en mí por largos siglos;
común es nuestra vida,
y en tanto me devores
se mantendrá mi vida con dolores!

(...)

Y esto, ¿se acabará? -Todo se acaba:
en la más dura peña, gota a gota
el hilo de agua su sepulcro excava
y desde el pétreo y funerario cáliz
en vapor invisible
va a derretirse el cielo.
Gota a gota mi sangre va mellando
estos férreos lazos
que Hefestos y la Fuerza remacharon;
gota a gota los roe con la herrumbre
y ha de quebrar, al fin, su pesadumbre.
¡Viva es la sangre, muertas las cadenas!;
la guardo como arroyo
de una savia perenne que en las venas
tiene su cauce estrecho.
Y vosotras, innobles ligaduras
que me surcáis el pecho,
sois sólo hierro inerte...
¡y a la larga el que vive es el más fuerte!
¡Con el jugo inmortal de sus entrañas
arrasar puede el hombre las montañas!
Y tú, verdugo, te has de hartar un día:
llegarás a las bascas y al hastío:
tupido hasta el gañote,
a la modorra abatirás tu brío,
y alicaído, lacio,
te acostarás para dormir tu hartazgo;
colchón tendrás en mí sobre esta roca
en que a merced de tus furores yazgo.
Dormirás para siempre
aquí, mi buitre, en mí, sobre tu presa,
y yo, tu pábulo hoy, seré tu huesa.
Y tú, impasible Júpiter celeste,
Razón augusta, Idea soberana,
Buitre del universo que devoras
mundos, soles y estrellas,
Tú, a quien los siglos son como las horas,
harto también un día
la cabeza almenada de centellas
doblegarás de la modorra al peso.
¡Será tu fin, el fin de tu reinado:
sobre ti manda, incontestable, el Hado!
Y... ¿después? ¿Cuando cese EL PENSAMIENTO
de regir a los mundos?

Prometeo, de Henry Fusseli

Y... ¿después?

-¡ay, ay, ay!!!, ¡no tan recio!-
¡no tan recio, mi buitre!!
¡mira que así me arrancas la conciencia!;
¡aun dentro de tu oficio, ten clemencia!


Nota 1: No se admiten preguntas de contenido ni freudiano ni sado-maso (en el hipotético caso de que sean cuestiones diferentes).
Nota 2: Espero que la Maga se de por satisfecha.

lunes, 16 de octubre de 2006

Re-Diós

Entre los años 1773 y 1774 Goethe estuvo trabajando en una obra de teatro, titulada Prometeo, que finalmente dejó inacabada. Con ocasión de una visita que le hizo Jacobi, Goethe le leyó un fragmento en el cual Prometeo, el ladrón del fuego y el modelador de hombres, se dirige a Zeus con estas palabras:

Cubre tu cielo, Zeus, con vapor de nubes
Y deja bien claro tu poder, como un niño que decapita cardos,
Sobre cimas y montañas,
Pero no te metas ni con mi tierra ni con mi cabaña,
Que tú no has levantado,
Ni con el calor del hogar de mi casa, que envidias.

No conozco bajo el cielo nada más miserable que vosotros, los dioses.
Alimentáis vuestro poder con sacrificios e inciensos
Pero os desvaneceríais si los débiles y los mendicantes
No fueran unos necios llenos de esperanzas.

Cuando yo era un niño, no sabía a quién dirigirme
Y alzaba al cielo mis ojos extraviados,
Como si arriba hubiera alguien dispuesto a recibir mis quejas,
Un corazón que, como el mío, se compadeciera del afligido.

¿Por qué tengo que honrarte yo?
¿Alguna vez te has preocupado por mi corazón inquieto?
¿Es que a mi no me han hecho hombre el tiempo omnipotente y el hado eterno,
Tan señores míos como tuyos?
¿Quizás suponías que huiría al desierto
Porque no todos mis sueños se hacen realidad?

Aquí me mantengo firme,
Modelando hombres a mi imagen.
Una estirpe que, como yo,
Sufra, llore y disfrute sin tener que estar pendiente de ti,
Como hago yo".

Siempre he sospechado que Goethe tuvo presente al escribir estos versos el Prometeo de Luciano de Samosata, que expresamente dice, y por dos veces, que modeló a los hombres a imagen de los dioses. Pero no es eso lo importante. Lo relevante es que Jacobi se quedó tan impresionado que le pidió permiso a Goethe para copiar el poema y cuando visitó a Lessing, el 4 de julio de 1780, se lo enseñó. Conocemos la conversación que ambos tuvieron porque tres años después se la reveló a Moshes Mendelssohn en una carta. Lessing le confesó que compartía el ateísmo de estos versos y, por lo tanto, la fe de Spinoza. El año 1785 Jacobi publicó sus Cartas sobre la doctrina de Spinoza intercalando el poema de Goethe, aún inédito. De esta manera el Prometeo rebelde, amparado por Spinoza, Goethe y Lessing recorrió Europa, impregnando las almas de, entre muchos otros, Schlegel, Nietzche, Marx, Turguéniev, Flaubert, Daudet, Goncourt, Gide, Shelley, Byron...

Detengámonos en estos dos últimos nombres. Desplacémonos a las orillas del Lago Lemann, exactamente a Villa Diodati, donde siglos antes se había alojado Milton. Junto a Byron y Shelley se encuentra Mary Schelley, que está escribiendo un libro titulado Frankenstein o el Moderno Prometeo y que está encabezado con los siguientes versos de Milton:

"¿Te pedí, creador, que transformaras en hombre el barro del que vengo?
¿Alguna vez te rogué que me sacaras de la oscuridad?"

domingo, 15 de octubre de 2006

Leo Strauss: Sobre Jerusalén y Atenas

Bilbaopundit abrió hace unos días un interesantísimo debate en torno al “Manifiesto ateo” propuesto por San Harris que ha sido recogido posteriormente en Generación X. El Café de Ocata se suma ahora aportando algunas ideas de Leo Strauss en torno a uno de los temas centrales de su filosofía, la relación entre Jerusalén y Atenas:

I

¿Quién tiene razón, los griegos o los judíos? ¿Atenas o Jerusalén? ¿Y cómo proceder para descubrir quién tiene razón? ¿No debemos admitir que la sabiduría humana es incapaz de resolver esta cuestión y que toda respuesta se funda en un acto de fe? ¿Pero eso no implicaría la derrota total y última de Atenas?

II

Una filosofía fundada en la fe no es una filosofía.

III

Si observamos la lucha secular entre la filosofía y la teología difícilmente podremos librarnos de la impresión de que ni una ni otra ha logrado refutar a su adversario. Todos los argumentos a favor de la revelación sólo parecen válidos si se presupone la creencia en la revelación; y todos los argumentos contra la revelación sólo parecen válidos si se presupone la increencia.

IV

Quizás es este conflicto irresuelto el que impide que el pensamiento de occidente se fosilice.

V

Según la Biblia el comienzo de la sabiduría es el temor al Señor; según los filósofos griegos, el comienzo de la sabiduría es la admiración. Estamos así obligados desde el inicio a elegir, a tomar una posición.

VI

La fe bíblica no puede refutarse experimentalmente. La experiencia, en todo caso, podrá mostrar su dificultad o su improbabilidad, pero la propia Biblia admite estas objeciones. La creencia que exige el Dios de la Biblia está expuesta a más de una duda. Precisamente por ello es meritoria. Podemos preguntarnos si resiste el principio de no contradicción, pero este principio se aplica a conceptos lógicos que sólo son lógicos en la medida en que no son autocontradictorios. Tal podría ser el caso del Dios aristotélico, pero no del bíblico, que es omnipotente, incomprensible y desconocido.

VII

Sólo hay una manera de refutar la creencia en un Dios omnipotente: mostrar que no hay ningún misterio, que tenemos un conocimiento claro y distinto, o un conocimiento científico, de todas las cosas, que podemos dar una explicación adecuada y clara de todas las cosas, que todas las cuestiones fundamentales han sido resueltas de una manera perfectamente satisfactoria; en otros términos, es necesario que podamos reconocer la existencia del sistema último y absoluto. Considero la existencia de tal sistema al menos tan improbable como la verdad de la Biblia. Pero salta a los ojos que la improbabilidad de la verdad de la Biblia es una afirmación sostenida por la Biblia misma, mientras que la improbabilidad de la verdad del sistema filosófico perfecto constituye una dificultad seria para ese mismo sistema.

VIII

Si es verdad que la razón humana no puede probar la no existencia de Dios en tanto que ser omnipotente, es también verdad, creo, que la razón humana no puede establecer la existencia de Dios en tanto que ser omnipotente.

IX

No se puede ser filósofo y teólogo ni una tercera cosa en la que el conflicto entre filosofía y teología pueda resolverse.

X

Werner Dannhauser (discípulo de Strauss): “Leo Strauss era partidario de Atenas y no de Jerusalén


Las fotos son de Stephane Fugier


Al terminar este post me he pasado por Bilbaopundit y me he llevado una sorpresa.



sábado, 14 de octubre de 2006

La ciudad es la caverna

En el famoso “mito de la caverna” Platón se imagina a unos hombres que viven de manera nativa en un mundo de sombras. Nada de lo que han visto es otra cosa que sombras y, por lo tanto, no tienen manera de comparar el teatro de sombras chinas en el que viven con ninguna otra posibilidad de existencia. Platón sugiere que hay otro mundo y quienes lo alcanzan comprenden inmediatamente la fragilidad intrínseca de las evanescencias cavernarias, pero añade que alcanzarlo no es nada fácil. El trayecto es doloroso y agotador, y todo lo que conseguimos una vez culminado, es una perspectiva global de la caverna tan descarnada, que despolitiza. Una vez que se sabe la inconsistencia de todo el entramado cavernario, es imposible tomarse en serio las discusiones de sus habitantes. Y, sin embargo, es eso todo lo que tienen. El otro mundo no es habitable.

Esta caverna es una descripción objetiva de la ciudad. Nos cuenta fielmente la ciudad como lo que es. Y nos enseña que la única condición imprescindible para ser un ciudadano cabal, es no albergar ninguna sospecha sobre la realidad de las sombras, que, sin embargo, sombras son. Sólo quien se cree que las sombras son una realidad sin sombra es capaz de jugarse el pellejo por una sombra.

Hubo un tiempo en que los programas políticos de los diferentes partidos se caracterizaban por proponer proyectos alternativos de emigración en masa de una a otra caverna. Cada proyecto migratorio se caracterizaba por su manera peculiar de despreciar la caverna de origen y de ensalzar la naturalidad de la caverna de llegada a la que, por supuesto, nadie veía como caverna, sino como la realidad política auténtica. La fe mueve cavernas y las convierte en paraísos.

Hoy -decimos- ya no vamos de pardillos. Hemos asistido en directo al entierro del último proyecto migratorio de masas, sepultado bajo las ruinas del muro de Berlín. Y creemos que porque hemos desnudado a la política de ilusiones totalitarias, nos hemos reconciliado con su realidad. Efectivamente, así es. Pero ignoramos que esta realidad es ahora lo que siempre ha sido: un juego de simulacros en el que para jugar hay que olvidar que se trata de un juego.

Todo esto viene a cuento del recurso de CiU a las técnicas de marketing no tanto para vender su programa (¿a cuántos de sus votantes les interesa?), como para conquistar un protagonismo entre las sombras. Ha provocado tan eficazmente al resto de partidos que la reacción de estos no puede sino confirmar el mensaje del “ConfidencialCat”. CiU ha lanzado una profecía que, desde el mismo momento de lanzarse estaba destinada a validarse, porque el tripartito ha vuelto a resucitar en los medios en cuanto sus diferentes líderes han aparecido, al unísono, hermanados por un mismo cabreo crítico que los sitúa a la otra orilla de CiU. Desde un punto de vista meramente propagandístico me parece una estrategia inteligentísima. Todos sabemos que mañana se repartirán un millón de DVD encartados en la prensa. Y, si no lo sabíais, yo os lo cuento.

David Madí, el director de campaña de CiU ha dicho bien claro que “la realidad no ofende”. No puedo estar más en desacuerdo. Y es que Madí confunde -como todos los demás- la realidad y la fe.



N.B. del 15 de octubre a las 13:58. Os transcribo un SMS que he recibido este mediodía:

+ 34659493919

Joc net. No a la mentida. No a la campanya d'Artur Mas.

Passa-ho.

15.10.06 12:32

No quiero hacer otro comentario que este mismo que ahora estoy haciendo.

viernes, 13 de octubre de 2006

Dos imágenes del otoño

Hoy, en medio del puente, tenía más ganas de ver pasar plácidamente la corriente que de atender esmeradamente mis compromisos con El Café de Ocata, las cosas como son. Había previsto, a consecuencia de un mail de Pedro Azara, limitarme a transcribir el siguiente poema de Rafael Cansinos Assens y rendir de esta manera un pequeño homenaje tanto al poeta como a la estación melancólica por la que transitamos.

Otoño

Esta tarde de otoño parece primavera.
El aire es dulce y tibio
y hay un sordo rumor germinal en la tierra.
Dijérase que van a florecer las rosas
y a cantar en los nidos los pajarillos nuevos,
y a recobrar su antiguo color desvanecido
nuestros blancos cabellos…
Hay en el aire una promesa venturosa.
La sangre en nuestras venas palpita con ardor,
nos sentimos capaces de un gran amor inédito,
diríase que despierta de un sueño el corazón…
Mas de pronto, cruel, un viento frío se alza
y cual pájaros muertos caen al suelo las hojas,
y con ellas se entierra toda nuestra esperanza.

Pero el inefable Antonio M., uno de los monumentos antropológicos de Ocata, ha torcido mis planes al enviarme hace media hora por mail la foto que os adjunto al final del post, con el siguiente encabezado:

"El papa de incógnito en La Rioja".

Ya sabéis los que pasáis por aquí, cuánto respeto a este hombre, con qué interés leí su encíclica y con qué pasión he defendido su discurso en Ratisbona. Pero, por lo visto, esta estación saturnal me desfibra la voluntad, dejándome a disposición de esos arranques de frivolidad que me zarandean a su antojo de vez en cuando. Así que en vuestras manos deposito este secreto. Espero, de todo corazón, que los vaticanistas no me amenacen de muerte, que soy de los que creen que el movimiento se demuestra huyendo.


jueves, 12 de octubre de 2006

Futesas de un 12 de octubre

I
Hace unos días os comentaba que Sócrates había aconsejado a Alcibíades que para verse a sí mismo, debía contemplarse en las pupilas de aquellos con los que dialogaba. ¿Os acordáis? Pues esta mañana me he encontrado, sin buscarlos, con estos versos de mi compatriota Yehuda ha-Levi:
"Un día que lo acariciaba sobre mis rodillas
vio su imagen reflejada en mis pupilas;
me besó en ambos ojos con engaño:
¡besaba su figura, y no mis ojos!

II
Seguro que lo sabéis todos: el 11 de octubre de 1893 murió el Marqués de Santa Ana, que fue fundador y propietario del periódico "La correspondencia de España". El 13 de octubre de 1873 murió en Madrid don Manuel Bretón de los Herreros. El 12 de octubre debió de pasar algo relevante alguna vez, pero no es políticamente correcto recordarlo.

III
Y ahora voy a hacer publicidad, así, por la cara. Os animo a que, si pasáis por Tiana, rindáis una visita a Can Ballús. Acabo de llegar de allí. Hemos estado celebrando la amistad un grupo heterogéneo de amigos y amigos de amigos, convocados por Mariona, la hostalera. Entre otras cosas sorprendentes, he descubierto que no soy el único entusiasta mundial del "Why?" de Yoko Ono. ¿La recordáis? He intentado buscarla por You Tube, pero no he tenido éxito.

Magnífica comida y magnífica y larga sobremesa en la que no ha faltado ni el mostillo, ni las anécdotas jugosas, ni las jotas aragonesas.


No puedo sino recomendaros esta casa rural. Yo creo que si decís que vais de mi parte os tratarán exactamente igual que si no decís nada, es decir, de manera excelente, pero por probar... ¡Ya me contaréis!

Lucrecio, el gran truchimán, II

Ningún filósofo me intriga más que Lucrecio, el autor del poema filosófico más grande de todos los tiempos, De rerum natura. Aparentemente se trata de un intento de dejar constancia de que no hay fenómeno en el mundo, por muy asombroso que parezca, para el cual no pueda aportarse una explicación racional, una "uera ratio”.

Pues los necios aprecian y admiran con preferencia todo aquello que ven escondido bajo el velo de palabras torcidas, y disputan verdadero lo que hace al oído un cosquilleo agradable y se adorna con los afeites de una sonoridad placentera

Lucrecio dice seguir los pasos de Epicuro, “que reveló la Naturaleza entera” y “descubrió el primero esta regla de vida que llamamos filosofía”, porque la filosofía no es un conjunto de conocimientos, sino un modo de vida.

Revelar la verdad de la naturaleza significa, en primer lugar, negar la existencia de causas finales. Todo se explica por su origen. “Nada ha nacido en nuestro cuerpo con el fin de que podamos usarlo; al revés, lo que ha nacido, engendra el uso”. Y en cuanto al origen, lo más importante es saber que nada surge de la nada y por lo tanto, que todo obedece a una causación precisa y a leyes claras. Pero, si esto es así, “¿de dónde ha venido a la tierra esta libertad de que gozan los seres vivientes?” Para explicar la libertad humana Lucrecio , siguiendo a Epicuro, introduce el azar en su mundo determinista. De manera que “en un momento indeterminado y en indeterminado lugar” los átomos (porque todo, absolutamente todo, desde el alma hasta los dioses está compuesto de átomos y vacío) se desvían un poco de su trayectoria, “lo suficiente para poder decir que su movimiento ha variado. Que si no declinaran los átomos, caerían todos hacia abajo cual gotas de lluvia.” Así pues, la libertad tiene su fundamento en el azar. “Lo que impide que la mente misma obedezca en todos sus actos a una necesidad interna, es la exigua declinación de los átomos, en un lugar impreciso y en tiempo no determinado.

Aceptar los átomos significa asumir que todo se explica, en última instancia, en referencia a algo que está mucho más allá de los sentidos, escondiéndose tras lo aparente. Y, sin embargo, Lucrecio se confiesa radicalmente empirista: “No sólo la razón se derrumbaría del todo, sino que, al instante, la vida misma se desplomaría, si no osaras confiar en los sentidos, si no huyeras de los prejuicios y riesgos que a este propósito se ofrecen y no siguieras el camino seguro.”

Pero si el único camino seguro es el de los sentidos, ¿qué informaciones sensoriales, qué pruebas empíricas, autorizan a Lucrecio a sostener sin duda alguna que “la serpiente, tocada por la saliva de un hombre, muere y pone fin a sí misma devorando su propio cuerpo” o que “los furiosos leones no pueden ni sufrir ni aguantar la vista del gallo”?

¿Cómo se han introducido aquí estos mitos? No lo sé. Si sé, sin embargo, que a veces a Lucrecio se le escapan, como de pasada, profundas muestras de pesimismo sobre la capacidad de la “uera ratio”, y así, por ejemplo, a comienzo del libro II escribe: “Toda nuestra vida se afana a tientas en las tinieblas”. Y a continuación, sorprendentemente, se pone lírico y comienza a componer los versos más poéticos de la obra, demorándose en la descripción de “un rebaño de lanosas ovejas que roza los pingües pastos en un cerro” que se mueven “según las llamen y conviden las hierbas perladas de rocío reciente”, de una playa donde el mar alisa con suave oleaje la sedienta arena”, del “almo licor de las aguas”, del “ingrato rechino de la sierra estridente” o de las “nítidas mieses”. Parece como si necesitara este rodeo para atreverse con las confesiones más fuertes del poema, por ejemplo, ésta: “con los plañidos fúnebres se mezcla el vagido que elevan los recién nacidos al ver las riberas de la luz: ninguna noche siguió al día, ninguna aurora a la noche, que no oyera, mezclado con lloros de niños, el amargo llanto que escolta a la muerte y al negro funeral”. Son palabras que anticipan la conclusión del libro II: “Todo degenera poco a poco y va de cabeza al escollo, agotado por la larga carrera de la vida”. Y que se asientan en el realismo desesperanzado del Libro III: “ganando a rastras miembro tras miembro, avanzan las pisadas de la helada muerte.” La herida de la muerte no tiene recompensa ninguna, “que si fuera inmortal nuestro espíritu, al morir no se lamentaría tanto de desprenderse del cuerpo, antes se alegraría de salir y, como una sierpe, dejar su despojo.”

Nos encontramos muy lejos del Libro I, que era luminoso, amable, esperanzado, hedonista. Tan lejos que ahora hasta hay lugar para el cinismo. Lucrecio ha abierto el poema con un alegre y enfervorizado canto a Venus, la diosa del amor, identificada con la naturaleza, la vida y el poder de Roma. De esa Venus ya no queda nada en el Libro III. Ahora el poeta nos aconseja liberarnos de su influjo por cualquier medio: “Pues aunque el ser amado esté ausente, a mano están sus imágenes, y su dulce nombre resuena en nuestros oídos. Pero conviene huir de tales imágenes, evitar lo que da pábulo al amor y volver la mente a otras ideas: descargar el humor acumulado contra un cuerpo cualquiera, antes de retenerlo y guardarlo para un único amor, y procurarse así inquietudes e inevitable dolor. Pues la llaga se aviva y se hace crónica si la alimentas, y la locura crece de día en día y se agrava la pena, si no borras la primera herida con nuevos golpes y no la curas de antemano, mientras es reciente, con el trato de Venus vagabunda, o no puedes desviar tu espíritu hacia otros objetos”.

Hasta aquí nos ha conducido la “uera ratio”. Ahora estamos en condiciones de saber que “la Naturaleza no ha sido creada en nuestro interés por obra divina; tan grandes son sus defectos.” Y como prueba irrevocable Lucrecio nos ofrece, en los versos conclusivos del poema, un relato escalofriante e hipernaturalista de los efectos de la peste en Atenas, que era la ciudad de la filosofía, amparada por Atenea, la diosa de la razón.

Miau

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